Esta historia comenzó en 1986. La Perestroika ya estaba en marcha, pero la Unión Soviética aún no se había colapsado. Era una época en la que no había Internet, hipermercados e incluso teléfonos móviles, pero se bebía agua del grifo, no había embotellamientos en Moscú y las llaves del apartamento se dejaban tranquilamente bajo la alfombra.