Después de la muerte de su esposo Sarp, Bahar tiene dos cosas que la mantienen unida a la vida: sus hijos Nisan (7) y Doruk (4). Juntos, logran convertir la vida en un juego, la pobreza en diversión y la carencia en alegría. Ella cree que cuando una persona sonríe, su corazón también sonríe junto a ella.